Pero la fuerza de los acontecimientos puede más y no puedo dejar pasar la oportunidad de expresar lo que se me pasa por la cabeza tras lo ocurrido en la maratón de Boston, donde tres personas han perdido la vida, y otras muchas más las han visto cambiadas para siempre por el simple hecho de ir a correr una maratón o de acudir como público a la misma.
No voy a valorar estas vidas más que las que se pierden a diario en otros lugares del planeta, ni a comparar al niño de 8 años fallecido con los niños fallecidos en otros países asolados por guerras, hambrunas, catastrofes naturales o terrorismo.
No voy a atreverme a negar que las maratones, las carreras populares, los triatlones... no sean más que entretenimientos frívolos a la vista de los millones de personas afectados por terribles sucesos o condiciones en sus vidas, por mucho que para los que practicamos deporte sea más una filosofía de vida que otra cosa.
Pero si voy a decir que el deporte sólo genera sentimientos buenos, el deporte nos une y nos iguala, en una maratón se encuentran personas de diferentes nacionalidades, de diferentes creencias, de diferentes razas, de diferentes condiciones sociales, culturales y económicas, y ante la maratón todas esas personas son iguales.
En una maratón, y solo he corrido una en mi vida, y en otras carreras populares, se respira el esfuerzo y constancia de los participantes, pero también la solidaridad entre participantes que ni siquiera se conocen y que ni siquiera se van a volver a ver. Se escuchan ánimos, se oyen aplausos desde el público que no sabe quién eres, se prestan botellines de agua tras los avituallamientos, se ve a perfectos desconocidos compartiendo kilometros y kilometros en un su camino como si fuesen hermanos pues ambos están disfrutando y sufriendo por igual.
Una maratón, y el deporte en general genera ese tipo de sentimientos y valores que deberiamos alentar a las nuevas generaciones para que no volvieran a suceder este tipo de cosas, porque lo que genera el deporte en sus practicantes es eso, humanidad, que es esfuerzo, constancia, solidaridad, empatía, humildad...humanidad que no tienen los que han causado esta barbarie.
No voy a dejar de correr ni de acudir a carreras populares, puesto que si lo hiciese los bárbaros se hubiesen salido con la suya, hubiesen conseguido que albergara en mi sentimientos negativos hacia el deporte, tendría miedo de cruzar una línea de meta, tendría en mi el germen para vivir tán sólo una vida como la de ellos, llena de sentimientos negativos, tóxicos, o lo que es lo mismo, dejaría de vivir.
Por eso seguiré corriendo, seguiré nadando, seguiré pedaleando...seguiré viviendo. Y de vez en cuando, alguna de las veces que lo haga pensaré: "Esto va por los que ya no pueden hacerlo"
Triste

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